jueves, 25 de julio de 2013

Rebelarse


Dicen que todo el mundo se rebela en algún momento de su vida, bien sea en la adolescencia o a los 30, a los 40... no importa cuándo. Todos llegaremos a ese momento de rebelión y mostraremos una parte de nosotros hasta ahora desconocida incluso por nosotros mismos.

Rebelarse no tiene porqué ser sinónimo de guerra, tensión o violencia puesto que existe una forma de rebelarse quizás menos "abierta". Se trata de cuando optamos por no seguir la norma y actuar a espaldas del otro, respaldados por nuestras "justificaciones" o "motivos personales" que serán la justificación por  la cual actuemos, pensando que es lo "correcto o adecuado" y que por ende, no seremos castigados.

Sin embargo, toda acción que va en contra de una orden tendrá unas consecuencias que pueden aparecer más rápido o más lento y que tal vez, tengamos la oportunidad o no de enmendar el error. 

No podemos olvidar, que muchas de las cosas que nos suceden en nuestra vida, son el resultado de nuestras acciones, tanto si nos reconocemos en ellas como si no.
Somos humanos, tenemos múltiples rasgos de carácter en nuestra personalidad y por lo tanto, actuamos de diversas formas aún siendo la "misma" persona cada día al levantarse.

Y tu... de qué forma te rebelas? 

Bikos y gracias por leerme 

martes, 25 de junio de 2013

Espacio Vital

Hace un par de semanas tras mi último encuentro con (la) Esperanza, hice un descubrimiento muy doloroso sobre mi misma: mi falta de espacio y como lo cedí y lo dejé ir con el paso de los años.

Siempre he sido de la opinión que buena parte de lo que somos se debe al ambiente en el que hemos vivido y a la educación que hemos recibido, tanto de la familia como de la sociedad en la que hemos nacido. Se podría decir, desde mi punto de vista, que un 10% de la personalidad viene dada por unas habilidades, aptitudes, actitudes y potencialidades con las que hemos nacido y el otro 90% restante lo conforma el hecho de que, la esencia con la que hemos nacido se desarrolle en mayor o menos medida, según las adversidades, entorno, ambiente y circunstancias que hemos vivido a través de nuestra familia y nuestro proceso de socialización.

Fuente: Morguefile
Desde que nacemos, dentro de nuestra familia, tenemos un rol específico que nos ha sido asignado o que muchas veces nos hemos colgado nosotros. Puede que nos identifiquemos con el rol, puede que no, puede que vayamos aceptándolo, puede que no, puede que nos marquemos otro distinto, puede que no... Todo encierra cierta dualidad y lugar a discusión y discernimiento según la opinión personal. Lo que está claro es que, en mi caso, una parte de mi personalidad se creyó y se identificó con ese rol impuesto y otra no, pero jamás escuché a la que se negó (hasta hace cuestión de unos años atrás... pero el daño ya estaba hecho...)

El rol viene con un espacio, un espacio que se materializa dentro de nuestra casa. Hay una parte de nuestra casa que cada persona siente como “SUYA” y es en esa parte en la que se siente cómoda. Es su parte favorita de la casa, es donde se relaja, es su paraíso personal. El lugar al que acudimos a refugiarnos cuando algo no nos sale bien, el lugar donde pensamos, el lugar donde refrescamos nuestro espíritu.

El problema está cuando tu espacio es la ausencia de espacio. ¿Qué pasa cuando no hay un lugar perfectamente definido, por muy pequeño que sea, que sientas como propio, como tu territorio personal e intransferible? Pues bien... ese fue mi gran y doloroso descubrimiento. Mi falta de espacio único e intransferible dentro de mi hogar. No hay ninguna habitación en la casa que sea MÍA, que contenga SOLAMENTE MIS COSAS. Todos y cada uno de los espacios que pensaba que eran míos a lo largo de los años, han estado compartidos. Incluso compartiendo, mi mitad de la habitación no era sólo mía. También esa mitad tenía cosas de otra persona.
Fuente: Morguefile

Dentro de la Antropología se ha estudiado la distancia entre las personas cuando interaccionan entre sí. Esto se conoce como Proxémica o Espacio personal. Por lo tanto, el que desde pequeños contemos con un espacio en el que establecer ciertos límites de interactuación con los demás miembros de la familia, también marcará los límites dentro de los cuales nos moveremos en nuestro espacio personal a la hora de relacionarnos con los demás fuera del entorno familiar. Además, el contar con este espacio en nuestro hogar, se creará un apego a nuestras raíces, a donde procedemos, una identificación, quienes somos... que evolucionará en un desapego positivo cuando llegue el momento de establecernos de forma independiente. El que previamente hayamos tenido nuestro microuniverso personal contenido en un espacio de la casa, nos permitirá recrear con mayor facilidad ese universo, que no es más que el reflejo de nuestra esencia más pura, en otro lugar y quizás, si es posible, expandirlo.

No obstante, cuando no se cuenta con este espacio personal en el que podemos ser nosotros mismo y refugiarnos cuando lo necesitemos, lo que se producirá será una sensación de desarraigo porque es como si nuestro rol o papel en la familia no estuviera claramente definido. Sin un lugar propio es como si no fuéramos del todo miembros de la familia. ¿A quién no le gusta tener sus cosas como siempre las hemos querido tener?, ¿quién no busca ese lugar donde estar sin que nadie lo moleste? Todos necesitamos esa pequeña fortaleza en la que erigirnos reyes o reinas de nuestra vida.

Al descubrir que durante años he cedido mi espacio vital a otros miembros de mi familia, compartiendo siempre ese lugar que creía mío, me he dado cuenta de muchas cosas dentro de mis relaciones con los demás. Haciendo introspección y recordando los años vivido, me he dado cuenta que no sólo he dejado que los demás hayan entrado a tomar como propio mi espacio físico, sino también mi espacio íntimo. En mis relaciones con los demás, siempre lo he contado todo, lo he compartido todo y lo he dado todo porque sentía que era mi deber para con los demás. Pensaba (hasta no hace mucho) que tener secretos era negativo, así que... nunca ha habido una parte de mi que los demás no conocieran. Si no es uno, es otro, pero alguien sabe más de mi de lo que a mi me gustaría y es, simplemente, porque yo le he ido cediendo mi espacio y la otra persona se ha ido expandiendo.

El tema es que... aquí es cuando también entra en juego la esencia que conforma ese 10% de nuestra personalidad y como esa parte que no está de acuerdo (y a la que a veces finjo hacer oídos sordos) se manifiesta en forma de ansiedad, apatía, tristeza, angustia... ya que ve que continuo siendo como no quiero ser. Cuando llega este momento, es cuando el reclamar espacio vital es más que una necesidad y me lo tomo, pero quizás no de la mejor forma. A falta de tener un espacio físico y harta de que los demás se expandan dentro de mi espacio vital, me aíslo. Me voy, desaparezco, me vuelvo antisocial, no quedo, no quiero ver a nadie, la compañía de los demás me molesta y me irrita, contesto mal, estoy susceptible e irascible... y un largo etcétera de un montón de cosas que os podéis imaginar.


Así que... así estoy ahora. Viviendo en modo huraño, hasta encontrar el camino que me lleve de nuevo al medio (aunque intuyo que tendrá que ver con crear ese minúsculo espacio que sea mío dentro de mi casa... algo no tan fácil pero no imposible...)

Gracias por leerme. Bikos

viernes, 21 de junio de 2013

Escuchar o no escuchar...

Hace una semana expresé en mi Facebook lo siguiente:

Imagen descargada desde Morguefile
 Cuando le cuentas un problema a alguien, le estás dando el derecho a que opine sobre ello. Por lo tanto, si la respuesta que te dan no es de tu agrado, no te enfades con el otro, recuerda que tu preguntaste primero por su opinión. Si no quieres escuchar determinadas cosas, no preguntes; es así de simple.”

Como todo en esta vida, ha suscitado posturas a favor y posturas en contra en torno al hecho de si como amigos debemos escuchar pacientemente sin opinar o por el contrario dar una opinión como amigos y expresarnos libremente.
Cuando posteé mi idea, iba más en torno al hecho de que como amigos o familiares parece que hay una norma impuesta que es la de “escuchar hasta el infinito y pacientemente” y yo me pregunto ¿acaso el que habla nunca se cansa?

No todos somos iguales, eso es más que evidente ya que en la diversidad está el gusto, pero... ¿podemos llegar a ser tan ególatras, egocéntricos o narcisistas para estar 24 horas, 7 días a la semana, 365 días del año hablando de aquello que nos preocupa sin tener en cuenta al oyente? Pues parece que algunos sí...
Parece que jamás se preguntan cómo está la persona que los escucha, si necesita algo, si está teniendo un buen día... etc Quizás para dejar su conciencia tranquila, hagan la típica pregunta de cortesía de “¿Cómo estás?” y cuando la otra persona haya hablado 10 minutos (o incluso menos), con un movimiento rápido retomarán de nuevo la conversación centrándose en sí mismos y en sus problemas. Seguro que todos conocemos a alguien así.

Pues bien, lo que jamás dejará de sorprenderme es que este tipo de persona, que está hablando de sí mismo durante todo el tiempo, a la que tú escuchas pacientemente siempre sus problemas, la aconsejas, la vuelves a aconsejar, la guías, la orientas... sigue igual. Sigue exactamente en el mismo jodido punto que hace meses o años. Y, para los que todavía no se hayan querido dar cuenta les haré el descubrimiento del día y completamente gratis: la paciencia no es infinita. Así que, llegado un buen día, el amado oyente que ha escuchado pacientemente durante mucho tiempo, llega un día en que su paciencia se agota o quizás opta por otra estrategia y deja de ser sutil para ver si con un golpe de hacha el/la amigo/a en cuestión espabila y cambia. Ese día, el oyente deja de lado las palabras amables, el cariño y la sutileza para decir la verdad de una forma más directa y dura con el fin de buscar una reacción en la otra persona. Reacción dicho sea de paso, que el que habla siempre manifiesta querer llevar a cabo...(“querer llevar” que no es lo mismo que “ponerse a ello” lo que confirma seguir en el mismo punto de pasividad).

Y aquí es cuando el momento llega al clímax: el hablante escucha lo que antes se había negado a escuchar, ve la cruda realidad y... se enfada con el oyente! Sí señor! Esta es la parte que más me impresiona. Nos enfadamos. No somos capaces de hacer acto de conciencia y pensar que tal vez lo que nos están diciendo no está tan lejos de la verdad como lo sentimos la primera vez que lo escuchamos, pero claro, el orgullo y el ego es muy grande y todo lo sentimos como un ataque y no como una mano que ayuda.
Imagen descargada desde Morguefile

Lo más irritante es que cuando nuestro oyente usaba palabras dulces y nos escuchaba durante largas horas, era la mejor persona del mundo. Pero el día en que nos dice, exactamente lo mismo pero usando otras palabras, ya deja de ser esa persona tan maravillosa. O quizás es que ¿es muy duro enfrentarnos a la verdad que nos negamos y es más fácil enfadarse con los demás que con nosotros mismos y nuestras limitaciones?


No sé... quizás es que... yo tampoco entiendo mucho... y me esté equivocando y debamos escuchar hasta que nos sangren los oídos y a los otros hablar hasta que se les seque la lengua. Pero eso sí, ¡como amigos siempre, con una sonrisa en los labios y con la paciencia infinita!

Navegando por la red encontré este artículo sobre los Vampiros Energéticos. Lo encontré bastante interesante :)

Gracias por leerme. Bikos

domingo, 4 de noviembre de 2012

Todos llevamos uno...


Con este título me refiero a que "todos llevamos a un pequeño acumulador de cosas inútiles en nuestro interior"
Y es que con el tiempo y el hecho de haber vivido en varios lugares y haberme mudado una media de 5/6 veces, he llegado a la conclusión de que todos llevamos en nuestra personalidad una parte del "Síndrome de Diógenes". Para aquellos que no sepáis a lo que me estoy refiriendo lo diré en castellano de "andar por casa": "Síndrome de Diógenes" significa interés por acumular basura y cosas inservibles.

Para los que estén diciendo: "No, yo no soy de esos... yo no tengo porquería, todo lo que tengo está bien colocado, guardado, cumple una función específica y lo uso con frecuencia..." A todos los que estáis diciendo eso yo os pregunto: ¿Verdad que tenéis un cajón donde lo metéis todo en algún lado de la casa? Si no es un cajón, es un caja, un mueble viejo, mismo el trastero o la bodega entera se pueden convertir en ese espacio para "meter todo lo que no sé dónde poner, usar o vestir...PERO que algún día lo volveré a necesitar" Y es que el problema de tener cosas que no sirven o no usamos desde hace décadas en casa es ese "PERO", el pensar que alguna vez lo vamos a volver a necesitar para algo... y yo me pregunto ¿para qué? lleva un año entero en el cajón, en el fondo del armario, en ese mueble viejo de la esquina del trastero al que hace tiempo que ni dedico 10 min de mi vida, no me acuerdo ni de que existe y cuando me he dignado a prestarle atención, lo veo y digo: "algún día lo necesitaré, lo dejo ahí por si acaso". ¡¡Noooooooooooooooo!! ¡¡Mallllllllllllllll!!!

La doctora una vez le dijo a mi madre: Si abres un cajón y ves cosas que hace 6 meses que no usas es que no son útiles. Lo mejor es tirarlo y tener espacio.

Ahora echan un programa americano en la tele donde te remodelan la casa y mucha gente pide: sitio para almacenar cosas (lo que se traduce en: sitio para alimentar mi Síndrome de Diógenes) Y mirando sus casas pienso: seguro que si hicieras limpieza de ropa, calzado, sábanas, material de oficina, medicamentos, electrodomésticos, utensilios, videoconsolas, cosas de deporte... etc... verías que más de la mitad de lo que hay o no lo usas, o esta roto, o no te sirve, o ya no te gusta, o ya está desfasado... etc etc etc... y voilà! por obra y arte de magia tendrías espacio nuevo para toda la nueva mierda que te vas a comprar y que en seis meses vas a dejar de usar. (Y luego tenemos la santa moral de decir: "no soy consumista..." ejem ejem... en fin... mejor esto lo dejo para otro capítulo)

Los cepillos de dientes o los cepillos para el pelo ¿cuántos creéis que se necesitan? los de dientes uno por persona y los de pelo, yo creo que no más de tres para una familia o para una mujer soltera que viva sola y le encante hacerse peinaditos. Ahora bien ¿cuántos cepillos de dientes tenéis en casa? en mi casa, cuando vivíamos mis 4 hermanos, mis padres y yo (7 personas en casa) NUNCA había 7 cepillos de dientes, SIEMPRE había de MÁS ¿por qué? ¿cómo es posible? muy sencillo... está la simple acción de: mi cepillo de dientes se ha gastado, compro uno nuevo y TIRO el viejo... pero no... el viejo por extrañas circunstancias se quedaba en el cubo de los cepillos con los demás "por si acaso algún día me voy de viaje, me olvido de traer el cepillo de vuelta pues siempre tengo el viejo de repuesto" si... claro... el viejo... que lleva criando bacterias del baño desde hace 3 meses que no lo usas. Además ¿cómo es que nos las inventamos para aferrarnos a ideas, hipótesis, conceptos o situaciones tan inusuales?. En el fondo se llama: no se consuela el que no quiere.

Cuando vemos objetos, utensilios o ropa que hace mucho que estaban guardadas podemos actuar de dos formas: 
  1. La sentimental y 
  2. La roñoso que nada quiere tirar. 

Entiendo que haya cosas en nuestra vida que tengan un valor sentimental y si el valor sentimental es POSITIVO no guardes ese objeto en un cajón, sino ponlo a la vista para tener ese recuerdo agradable al alcance de tu mano. Pero si el sentimiento es NEGATIVO ¿por qué mantenerlo? el pasado y nuestra tendencia al sufrimiento de forma gratuita hace que no avancemos en nuestro camino. A fin de cuentas nuestra vida es una mochila que llenamos de cosas y cuántas más cosas pesadas tenga más tardaremos en alcanzar las metas que nos marcamos.

En cuanto a la opción "roñoso" sólo puede explicarse de una forma: estamos demasiado programados dentro del concepto social "soy lo que tengo" y seguimos pensando que la acumulación de objetos (aunque no los usemos) le darán más valor a nuestra vida, tanto a nuestros ojos como a ojos de los demás.

Otras personas se quejan de: "no hay nada nuevo en mi vida" y yo me pregunto ¿cómo quieres que haya cosas nuevas si todo tu espacio personal está repleto y desbordado de cosas viejas? No pueden llegar nuevas cosas y asentarse porque no tienen EN DONDE. Si quieres que tu vida esté llena de novedades, empieza a dejar de hacer esa rutina que ya te ha llenado de polvo hasta los huesos (y que odias y no sabes cómo romper). Comienza a hacer hueco en tus armarios, cajones, lacenas... cambia tus patrones de vida... poco a poco... paso a paso... porque lógicamente no estamos diciendo que esto tenga que ser de un día para otro. Hay muy pocos a los que los cambios radicales le sientan de maravilla, otros en cambio necesitan un ritmo más lento... 

No importa el ritmo, no te centres en cuánto tiempo has de dedicar, no lo midas ni lo temporalices, no compitas con tu vecin@/amig@/pareja... simplemente dedícale un tiempo que te haga sentir cómodo, dedica unos minutos aunque sea a ir limpiando poco a poco los espacios de la casa. Vete tirando lo viejo para dejar sitio para lo nuevo. Y cuando menos te lo esperes, verás como muchos de tus anticuados conceptos mentales van también cambiando, como dejas de hacer la rutina que tanto te amarga e introduces nuevos aspectos, vas sintiendo como el aire fresco llega por la ventana. 

Te vas sintiendo nuevo un poquito, a tu ritmo, a tu forma y a tu manera, seguro en todo momento porque aunque parezca extraño, cuando vemos algo, recordamos y decidimos tirar ese objeto, significa también que estamos decididos a pasar página en nuestras vidas, a no guardar "eso" que nos hace sentir mal o triste. Cuando tires algo especialmente aquello que te produce dolor, haz un acto de reflexión y "tira" con ese objeto tu recuerdo, tu malestar. Conseguirás limpiarte y seguir avanzando hacia metas más felices.

Gracias por leerme.

martes, 9 de octubre de 2012

Echando de menos Londres

Contándole ahora a un cliente todo lo que encontrará en Londres ha hecho que las imágenes de la ciudad me golpeen de lleno.

Llegaron tan rápido a mi memoria y las vi tan claras como las fotos que saqué de todo lo que me gustaba de la ciudad en ese año y medio.

Echo de menos sus calles, echo de menos los autobuses de dos pisos, echo de menos los rincones culturales, echo de menos la magia de la ciudad, echo de menos mirar el Támesis de noche y ver el Big Ben iluminado, rodeado por London Eye, Covent Garden, Embankment... echo de menos pasearme por las calles tan cool del Soho, mirar hacia el interior de tiendas que no me podía permitir entrar ni a tomar un miserable café por lo caras que eran, pero hacían que soñaras con la posibilidad de que algún día entrarías allí sin importarte el precio de las cosas... echo de menos al buen amigo que dejé allí.

Echo de menos el ambiente de riqueza y diversión... aunque nunca lo viviese "plenamente" sino que lo saboreé en la medida en qué podía.

Pero a la vez que pienso en Londres y mi vida allí también me vienen a la cabeza los duros recuerdos... recuerdos que por respeto hacia mí misma no compartiré aquí sino que los escribiré en una libreta, para librarme de ellos y romperlos para olvidarlos.

Los malos recuerdos no son más que lastre en el camino y los buenos recuerdos también lo son cuando nos impiden avanzar...

Quizás echo tanto de menos hoy Londres no sólo por lo que viví allí, sino por las ilusiones con las que me fui. Con los sueños que te creas, con las expectativas que te generas sobre ti misma y tu futuro... Toda esa ilusión y empeño que le pusiste a la vida y que poco a poco se fue, ardió, se evaporó, se esfumó...

Si Londres era tan espectacular ¿por qué volver y no seguir haciéndole frente? porque a veces ya no puedes más y antes de seguir avanzando por un camino que con casi una seguridad pasmosa te llevará al abismo, preferí dar la vuelta, andar sobre mis pasos y regresar a dónde yo soy. Dicen que una retirada a tiempo es una victoria.
El calor de la familia y de los amigos de toda la vida es el bálsamo que necesito ahora y no hay duda de ello. Por mucho que eche de menos "Londres".

Y ahora sólo me queda caminar para vivir lo que me ofrece la nueva puerta que he abierto.

sábado, 21 de julio de 2012

Balance


He llorado más veces en estos 6 meses que reído. Creo que no es un buen balance... por lo que hay que ir pensando en cómo equilibrar la balanza. 
He llorado tantas lágrimas en las últimas semanas que me asombro de mi misma por no haberme deshidratado.
He tenido tantas crisis de ansiedad y nervios que no sé cómo no tengo más canas en el pelo.

Y es que todo parece haberse convertido en un toma y daca de mala ostia en la casa en la que me quedan tres semanas. Mi novio, si es que se le puede llamar así, da muestras de lo mucho que le importo no volviendo a casa. Después, cuando comento por qué me siento triste y por qué lloro cada día más me dice que me adelanté a los acontecimientos y que ya pensaba hacer esto y lo otro... Lleva tanto tiempo prometiendo cosas que no cumple que me parece a mi que su profesión frustrada es ser político.

A veces me pregunto ¿qué hice para ganarme todo esto? la respuesta es clara: no haber abierto antes la boca y no haberle metido un zapato sucio en su boca cuando tuve la oportunidad.
Recuerdo que incluso antes de irnos a vivir juntos ya discutíamos sin ningún motivo... A los 11 días de estar viviendo juntos, le dió una venada tras leer una conversación con un amigo mío que yo tengo en Venezuela y me abandonó por un par de horas (luego volvió a casa porque no tenía otro sitio donde caerse muerto)
Hace una semana le encontré yo una conversación en la que tonteaba con una chica y a mi en cambio se me dio por llorar en vez de mandarlo a tomar por el culo...

Como dicen mis amigos: Andrea, que esperas de alguien que te miente.

Mis amigos me dicen que no debe dolerme ser como soy: alguien que cree en las personas y que siempre les mira el lado positivo.
El problema con eso es cuando la gente se aprovecha de mi bondad y oportunidades, me exprime como a un zumo, me hace sentirme como el culo y después son capaces hasta de que le de las gracias por haberme dado por el culo... Esa es la clase de gente que me busco yo por novio (a excepción de uno) Me los busco Licenciados en ser Hijo de Puta con "Honoris Causi". Así soy yo de imbécil.

Y aquí estamos otra vez... otra noche más sin dormir, preocupada, de mala vigen pensando si sería mejor mandarle un sms para decirle: Gracias por ser un hijodeputa desconsiderado que ni se molesta en venir a dormir a casa para estar con su novia o... simplemente.... ignorarlo y pasar de todo...

Mañana dice que tenía pensado ir al Museo conmigo... sí sí... creo que será mejor que me espere sentada, porque después de la borrachera que se habrá cogido hoy más la resaca que tendrá mañana... dudo mucho que incluso vaya a trabajar, con lo cual... me joderá aún más tenerlo más horas de las necesarias en casa.

No sé qué hacer... en serio... no sé qué hacer...

Bikos. Gracias por leerme.

martes, 10 de julio de 2012

Aquí estoy de nuevo


Con una nueva crisis de ansiedad. Sola. Con ansiedad. Casi cada noche desde hace dos meses tengo crisis de ansiedad, desde que cumplí los 29 para ser más exactos. ¿Por qué? porque no sé qué hacer con mi vida... porque no sé dónde me encuentro... porque... porque... porque... porque no me quiero morir sin sentirme satisfecha con mi vida (y para qué negarlo: me aterra morirme). Por eso tengo ansiedad, porque no me siento satisfecha con mi vida, porque pienso demasiado, porque he decidido volverme y en vez de preocuparme por mi sigo preocupándome por él. Porque esté bien cuando me vaya, por si tendrá dinero suficiente, por si le habré jodido la vida... Sigo pensando todo eso.

Así que, nada más volver a casa de lo que he tenido que hacer esta mañana, me he puesto de nuevo mi peli favorita y al igual que la protagonista "tb soy una gran admiradora de la obra de Dios" y le pido ayuda para los siguientes meses (o años). Cuando vi la peli por primera vez, pensé que era una bomba al cómo ella puso fin a su matrimonio: bam! lo soltó así, de repente... pensé que eso era la leche... pero me di cuenta de que yo he hecho algo parecido siempre y lo acabo de hacer la semana pasada: lo solté así, de repente, pero con una discusión por el medio y unas cuantas lágrimas de más que llevaba llorando a oscuras en mi soledad. Yo también soy como la "membrana permeable": te lo doy todo hasta que no tengo nada de mi y me marcho... sintiéndome culpable por la persona a la que dejo... así siempre.

Yo tb tengo una caja, pero la mía está llena de postales de los lugares a los que han viajado mis amigos y familiares y que, por supuesto, me encantaría conocer por mi misma. Yo no soy como ella, yo no tengo pasta y no me puedo permitir tirarme un tiempo viajando por el mundo. Ya me he permitido estar en Londres aprendiendo otro idioma con la esperanza de que me abriría las puertas del mundo laboral aquí pero no... Ya me he exprimido lo suficiente. Así que... necesito un respiro.

Al igual que cuando me vine, alguien se permitió la licencia de sermonearme y decirme que esta es la peor decisión de mi vida: volverme. Y, por el momento, no ha sido mi pareja a la que dejo la que me ha sermoneado sino alguien que poco menos que me conoce desde hace un par de semanas. Se dedicó a decirme que: "vale, puedo estar deprimida, pero de ahí a marcharme... que esto era un error, que igual necesitaba pensarlo mejor, necesitaba hablarlo más con mis amigos y familia, que cómo puedo dejar un novio que me quiere con locura, que para qué valió la pena el esfuerzo de aprender una lengua (...) que yo con todo lo que llevo aquí, qué sería de ella entonces... que hace ella... suicidarse?¿... " llegados a ese punto... decidí pasarme el comentario por el arco del triunfo... ¡qué manía tiene la gente de juzgar y opinar alegremente sin conocer!

Así que, mentalmente, empiezo a hacer las maletas de lo que me voy a llevar y de lo que no, pero aún no me he puesto a la acción. Supongo que me aterra la reacción de mi pareja, que se deprima más de lo que ya está... o quizás es que realmente me aterra equivocarme. ¡Mierda! es lo que único que se me ocurre.

Bikos. Gracias por leerme.